Porque sí están jodidos mal, sin educación, sin hospitales, en una tierra que en pleno caribe no da ni un limón. El turismo obvio nada de nada y como plus los cientos de ong´s que no dejan de llegar.
Desde que me subí al avión de NY a PaP supe que iba a ser un viaje. Ochenta por ciento de los pasajeros pertenecian a una organización cristiana, todos sonreían exageradamente en los pasillos, con sus uniformes de camisas amarillas, se abrazaban y se bendecían con entusiasmo de salvadores, de miedo la cosa. Yo me fui con los ojos cerrados ya desde ahi, como de costumbre sin poder dormir.
Como de parodia, en el aeropuerto de Puerto Principe había un grupo de 4 músicos tocando canciones típicas de Haiti y vestidos muy ad hoc para darte una bienvenida bien caribeña, pero apenas salí, el caribe se me volvió un desierto gris y olvidado. Después esa percepción se iba a transformar todo el tiempo, iba y venía entre el bien y el mal, entre lo lindo y lo horrible, entre el quite interesting y el ya sáquenme de aquí.
Primero puro afroamericano hablando este criolle, que si no sabes francés ya te chingaste. Tienes suerte como mexicano si te encuentras con alguien que aprendió algo de español en República Dominicana. Los niños son bien bonitos, lo más bonito, lo único bonito, yo si saqué la cámara de fotos y con la pena. Me gustaba verlos posar super hip-hoperos.
niño bonito |
Las mujeres ahi, y que quede claro que sólo ahí, son bien raras, o se están haciendo rastas las unas a las otras o se están gritando en el mercado o se rien de ti, bueno se reían desquisiadamente de mi cuando me acercaba a grabar. Nunca entendí y Reggy siempre me dijo, se rién contigo. Ajá.
No se tenía que ir a ningun lugar en especial para grabar las condiciones insalubres que iban a hacer que el cólera se expandiera rapidamente. Todo Puerto Principe era un caldo de cultivo. Fuimos a un mercado y apenas empezamos a caminar entre los puestos yo le empecé a rezar a mi sistema inmune. Las verduras en el piso a lado de la basura y sobre el lodo, la parte de las carnes era para set de Tarantino, sin refrigeración en ese calor, un olor de sangre de días mezclado con la fruta pasada, todo flotaba con ese vaporcito caibeño. Me sentí como un gringo se debe sentir cuando ve comer a la gente tacos de suadero afuera del metro. Ya quisiera ahi esos tacos.
Un par de noches fuimos a cenar a un restaurante muy nice en Petion Ville, barrio rico de Haiti La comida no daba el miedo que provocaba todo aquello que no fuera importado y empacado al vacío. Había más viariedad que las papas y el arroz que comiamos a diario en la oficina. Era un restaurante limpio, con música y velitas. Me sentía en otro lugar cuando ibamos. Era un respiro de todo lo que había afuera.
Tambien sentia ese respiro en el Giant, el supermercado que tenía de todo, hasta aire acondicionado.
Por cierto que un dia conocí a dos mexicanos ahi. Estaban en el área de las salsas y no había nadie más en el pasillo. Supe que eran mexicanos cuando vi que discutían sobre cuál salsa sabría más parecido a la Valentina y los entendí perfecto.
Asi pasaron diecisiete días, unos de relajación sentada viendo las noticias en la tele de la oficina, que también era casa, o en el balcón viendo a los niños jugar en el campamento. Hubo otros días de los cuales todavía me quejo.
Había que seguirle la pista al cólera asi que fuimos a Cite Solei. Cómo el barrio mas pobre de lo pobre del continente podía tener un nombre tan lindo. Pero eso era típico para mi en Hati, veía cosas lindas de la gente, de sus risas, de cuando bailaban y platicaban pero todo se arruinaba cuando hacía zoom out.
La cosa es que fuimos a ese barrio que era lo más jodido, en ves de perros había puercos husmeando en la basura y claro que no tengo nada en contra de los cerditos. Vi a una mujer vendiendo elotes en la banqueta, de repente se paró, caminó un metro hacia atrás, se puso en cunclillas, hizo pipi y volvió caminando lentamente a atizar el fuego del comal. Cuando veíamos esas escenas siempre alguien del crew salía rápido con una frase como de are you ready for lunch? y es que si no nos reíamos nos poniamos a llorar.
Después llegó Tomás, el bendito huracán que por piedad se volvió tormenta tropical al llegar a la isla. Ese día fuimos a Jacmel, una ciudad en la costa. Breakingnews. Íbamos a grabar el momento en que Tomas impactaba. Como pocas veces me enojé a nivel de sindicalizado explotado, de freelance que se repité una y otra vez que debio estudiar psicología y dedicarse a hacer tests de personalidad, de esposa que jura que de regreso en México se vuelve ama de casa y que la mantengan como puedan.
Odié trabajar en eas condiciones mojadas, sucias, calurosas, pegajosas y jodidamente jodidas. Estaban desacampando a un grupo de haitianos para llevarlos a un lugar más seguro. Estaba oscuro como la mayor parte del tiempo porque no haya casi nadie goza de servicios de electricidad. La lluvia no paraba, apenas y se podía grabar y además, además no tenía un raincover en forma para la cámara sino algo improvisado.
En medio de la lluvia, el lodo y mujeres cargando a sus bebés subi a al camión que los llevaria a una escuela para pasar la noche de la tormenta. El infierno -caribeño- empezó cuando cerraron la puerta del camión. No había ventilación, prendí la cámara y con decir que el lente se empañó en menos de dos segundos queda claro el nivel de humedad que había dentro. El olor, el calor y el haitiano que tenía prensado en las piernas para que no me cayerá en el camino, mmmh. De fondo sonaba un reggae feliz y eso era como el top de la locura del momento.
Pero hasta ahí todavía era locura de la sana, de la que todavía me da risa. Después el camión se paró, no se veía nada hacia afuera. Nadie hablaba inglés ni español y el vapor seguía y ya ni como aguantar la respiración. Yo preguntaba que cuánto faltaba para llegar y el haitiano me hacia entender que una hora. Iba todo tan apretado que no me podía sacar el celular del pantalon. En el camión iban sólo mujeres y bebés. Durante el camino iban tan tranquilas, como si las estuvieran llevando de paseo a la alameda y no a un refugio en medio de la tormenta. Yo ya metida en la paranoia interpretaba esas miradas y sonrisas que me echaban tan pasivas como una invitación de "anda amiguita, chíngate con nosotras un ratito, para que veas que así es la vida aqui".
Al fin pudé sacar mi celular y le marqué al productor, -dónde están, cuánto falta, me asfixio-. Estamos estacionados aqui atrás del camión, ya llegamos desde hace rato, por qué no te has bajado, dijo bien tranquilito. Joder. Cuando abri la puerta del camión, respire profundo para luego ir a meter los pies a un charco hondo hondo, estaban inundadas las calles.
Grabamos un rato y volvimos al hotel. Más noche se me pasó el coraje mientras me tomaba una Prestige, la otra cosa buenisima de Haiti, la cerveza clara con estampa roja y verde. Al otro día volvimos a nuestra casa en Puerto Príncipe.
Yo tenía un aprecio particular por la casa en la que vivíamos, mi cuarto me daba una paz de spa, de templo de monje tibetano. Era una habitación con cama matrimonial, con baño y regadera. Tenía agua caliente, un ventilador y un closet, asi como deben tener esos monjes, seguro. Cómo no me iba a sentir en un spa o en un palacio cuando volvía de caminar en los campamentos inmensos, en los mercados inmundos, en las calles de Puerto Principe. Siempre dormía profundamente y amanecía bien descansada, menos un día.
Eran como las cuatro de la mañana cuando abri los ojos. Empezaba a distinguir las formas en la oscuridad cuando escuché unos cantos. La planta generadora se había apagado, asi que se oía todo con claridad, cantaban en criolle. Era dos de noviembre y allá también celebran el día de muertos. En plena oscuridad, el campamento hacía su misa y yo en vez de dejarme llevar por el arrullo, comencé a entrar en un malviaje total, sentí que estaba expuesta, que Haiti me iba a comer, terminé en ataque de claustrofobia ¡estoy en una isla! de gente que hace cosas diferentes, a la que no entiendo y que en cualquier momento explota por que no hay mal que dure cien años ni cuerpo haitiano que lo resista.
No supe en qué momento me volví a dormir.

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