miércoles, 29 de septiembre de 2010

A de ti


Si fuera todopoderosa te traería a mi lado en este instante, alteraría el tiempo para que alcanzaras a ver este atardecer en lo más alto de la sierra, haría que vieras a través de mis ojos. Entibiaría el clima, traería una brisa cálida desde la costa a la montaña. Endulzaría tus labios con un beso simple. Agitaría tu cabello que cada vez es más largo y luego mis dedos caminarían por toda tu piel.
Después, al anochecer te llevaría de vuelta a nuestra camita, te arrullaría y te dejaría soñando para luego volver a esta camioneta que avanza lenta en medio de la nada.

martes, 28 de septiembre de 2010

Nada que celebrar

La arribista, la pretenciosa, la siútica pues, llegó a Washington y de todo se quejaba. Todo muy limpio, todo muy bonito, todo perfectito, hasta los homeless se veían felices, seguro mínimo usaban crack y ni sabian que existía la mona.
Lo mas dificil era esperar a que se pusiera el verde para poder cruzar la calle caminando, como acá somos unos changos y allá si respetan los reglamentos pues me daba poquita envidia.
Parada frente a la casa blanca dije arrogante –¡ay que Chiquita! Pensé que era más grande, ¡ay! lo que hace la postproduccion de las pelis gringas, cualquier narco tiene una más grande-. Háganme el futo pavor, qué clase de orgullo es ése. Les digo que sentía envidia mal y torcida.
Lo peor es que me tocó pasar allá las fechas en las que México celebraba el bicentenario. Era una tragedia en una ciudad en la que no había la gran comunidad mexicana y si había  estaba bien escondida. Llamé a varios restaurantes de comida mexicana para ver si en alguno había algo especial, nada.
Terminé en un restaurante de comida disque oaxaqueña y que además era atendida por un poblano que me miró con resentimiento desde el instante en que supo que era chilanga. El pozole no sabia a pozole, las tortillas eran de un polímero chicloso y la transmisión de la celebración era malísima. Cada tanto me repetía mentalmente, ni  te malviajes, ya lo dijo Luis Estrada y otros miles, de todos modos no hay nada que celebrar . Al final ví el grito por internet en el cuarto del hotel.
Ahora que voy camino a el pueblito en el que se derrumbo un cerro pienso en esa envidia corrosiva que sentia mientras caminaba por DC. No es que allá no pasen cosas feas, sólo que no pasan por las razones que pasan acá.
Todavía no sé con certeza porque aún no hay mucha información pero seguro es la misma historia de siempre, una serie de eventos deliberados: gente que pone sus casas en pleno cerro, autoridades que no les ofrecen alternativa de vivienda y que ya que los ven ahí no son para sacarlos del peligro.
Y ahora si ahí van todos, digo vamos.  El mero presidente, el gobernador, el presidente municipal, los soldados, proteccion civil y anexos. Me encantaría saber cuál va a ser el costo de la operación y a cuántas casas humildes pero limpias como dice mi mamá, equivaldrá el despliegue de recursos que se va a hacer en esa pequeña comunidad.
Hasta miedo me da ver.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Decoración de interiores

Mujeres con carencias paternales ¡uníos en una catarsis freudiana! Las que igual crecieron con papá consentidor y aún asi tienen issues con los hombres también están invitadas pero les advierto que las veremos feo.

La fantasía de la amiga de una amiga era ir apilando nombres de novios de cinco en cinco en su pared, asi como si fueran trofeitos. Nunca lo hizo pero de tanto en tanto alardeba baratamente con los recién llegados con que detrás de uno de los cuadros que tenía en su pared quedaría plasamado su paso por esa habitación. Después de años perdió la ilusión de ver tapizada esa pared.

Mientras duró fue un reto como de reality show con todo y jueces de pacotilla que querían humillarla desde sus sillas de utilería. El desafío era enamorar, sedurcir, volver loco y luego de la manera mas polite posible mandar a volar al individuo. Cada caso duraba unos tres meses según advirtió un patrón.

Un día de borrachera la amiga de la amiga que se volvió mi íntima me dijo entre nostalgías y risas que una vez quería llegar a media noche a la casa de su novio argentino, adueñarse del lugar, servirse una copa de vino, caminar descalza con todas las confianzas del mundo, ir dejando la ropa por aqui y por allá y poner de cabeza la vida del fulano  al que apenas había conocido ¿alguien la iba a regañar por ese tipo de atrevimientos? hasta un regaño habría sido bien recibido pero el che tenía su propia agenda. En una carta cursi que le hizo llegar a su casa el tipo le declaraba su amor, le pedía que fuera su mujer, hablaba de matrimonio y cosas que durarían para siempre.

La mañana siguiente ella ya iba acostada en las piernas de otro chico en un camión rumbo a Guadalajara.  Cómo iba a saber el boludo que la mina quería algo tan grande que ni su gran ego argentino ni mil rayitas pintadas en la pared le podían dar.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Aquí nos tocó morir

Me imagino una edición especial de la señora Pacheco en un recorrido por los estados del norte del país. Con la misma dinámica de mostrar oficios, tradiciones y costumbres que reflejen el espíritu de la comunidad ¡que miedo! Nada más entre Chihuahua y Tamaulipas produciría unas 10 temporadas listas para enviarse a cualquier circuito de cine de culto.

Si estuvieramos en un mundo ideal -al menos para los periodistas- en donde la gente se dejara entrevistar, fotografiar y grabar sin restricciones circularían en los medios de comunicación imágenes y testimonios aún más inverosímiles y crueles de los que ya venimos viendo y escuchando.

El mes pasado estaba en Cancún parada ante la fachada del  antro, ahora si que de "malísima muerte" en el que varias personas fallecieron después de que "presuntos" miembros del crimen organizado lanzaran bombas molotov al interior. El lugar estaba en una calle más gris que pobre en un barrio del Cancún feo e incómodo.

Un policía municipal cumplía sus tediosas horas de trabajo resgurdando el lugar. Una señora levantaba incómoda las cintas amarillas que cercaban el lugar y entorpecían sus maniobras con la carreola en la que llevaba a su bebé. Pinches escenas del crimen, ya no lo dejan a uno caminar a gusto por las calles.

Un vecino de por ahí se atrevió a dar entrevista y dijo bien quitado de la pena -ah pus es que de seguro los del bar no pagaron la cuota-.

Horas más tarde vi las fotos que habian tomado los peritos (seguro los sicarios las usan de postales para sus familias). Es la clase de cosas que uno se arrepiente de ver. Me dió tristeza, coraje, estrés y náusea, quería irme de ahí en ese instante.

La mañana siguiente me levanté muy temprano, como a las seis de la mañana para ver el amanecer. Estaba en el balcón de mi hotel cinco estrellas, creo que en el gran turismo ya ni se usan las estrellas, La brisa era perfecta, escuchaba las olas, y quería quedarme ahi para siempre.