lunes, 9 de mayo de 2011

Ni tanto que queme el santo

Un sabio burócrata de alto mando se echó una vez una de esas máximas que yo hasta volví un mantra de cabecera, después de un chasquidote dijo con cero solemnidad: ¡si el problema son los excesos! No importa que el contexto fuera sobre como sus empleados agarraban la juerga y se perdían en alcohol en cualquier antrucho. Me consta que aplica para todo.

Como dice mi mamá: ni tanto que queme el santo, ni tan poco que no lo alumbre, ni muy muy, ni tan tan. Pero a ver ma´, cuál es la receta para estar bien equilibrado y balanceado. Señor burocrata, por qué sus empleados pierden el control y además usando dinero del estado carajo, cómo le hacemos para no llegar a los extremos, cómo le hacemos para que corrijan el camino. 

Creo que encontrar un punto medio es una tarea complicada y no es que me ponga hippy pero después de prueba y error, prueba y error como que veo que requiere de un gran esfuerzo de conciencia, de humildad y es más me voy a atrever a decirlo, de sacrificio. Ay, Buda estaría tan orgulloso de mis palabras #NOT.

Yo soy de las que aprenden a madrazos, emocionales que quede claro. Y la vida me está cacheteando. ¿Dije la vida? quise decir mi propio inconciente -listo y cabrón-. ¿También dije madrazos emocionales? el otorrino que me revisó la nariz después de que me la abriera al estamparme contra una puerta de cristal debió pensar otra cosa.

Ya ni hablar de lo que opninaría Buda. Si me viera en este momento seguro protagonizabamos una de esas ensañanzas:

"Una mujer corría en círculos dentro de su oficina, Buda se le acercó y le dijo: La atención es el camino hacia la inmortalidad; la inatención es el sendero hacia la muerte. Los que  están atentos no mueren; los inatentos son como si ya hubieran muerto y .... ¡señorita, cuidado con la puerta! "

Y aquí es cuando uno ruega que no le diagnostiquen trastorno por deficit de atención. Se imaginan si el controlador del aeropuerto de NY  se clavara en un punto verde que se mueve en la pantalla. Literalmente se le va el avión y el equilibrio perfecto de las salidas y llegadas del aeropuerto se pierde, para su mala suerte este pobre se llamaba Muhammad y pues hasta de terrorista acabó. Mi punto es que perder el equilibrio duele.

Por eso, en el mudra namaskar hoy me repetí que nunca, nunca debo volver a correr en un lugar que desconozco y menos con la luz apagada. Namasté