martes, 11 de enero de 2011

El stalker

Todos los que conocieron a Mezcal saben que si hubiera podido hablar habría pedido la paz del mundo. Ya pasaron casi tres meses desde que se fue y nada me había hecho darle tantas a vueltas a su ausencia como un perro que apareció hace un par de noches.

Alán y yo veníamos de una cena. Ese día habíamos llevado el coche al taller así que llegamos en taxi y tuvimos que entrar por la puerta principal. Yo estaba abriendo cuando escuché que Alán dijo: ven güero, del otro lado de la calle oscura vino corriendo un perro.

Era un perro mediano, cruza de muchas cosas, con pelo blanco, café y amarilo. Apenas llego hasta nosotros se sentó y nos miró profundamente moviendo la cola. Después de revisar si traía placa, el perro se tiró al piso para hacerce "el muertito". Hacía un frío y era casi la una, Alán y yo nos veíamos con cara de qué pedo con este perro.

El perro estaba haciendo el show de su vida, o moría de hambre o se había escapado de un circo pero nos veía con cara de necesito ayuda ¡ahora!

Todavía tenemos todo lo de Mezcal, incluyendo la comida. Metimos al perro al patio, fuimos por croquetas al tercer piso y cuando bajamos al estacionamiento el perro ya se había metido a la casa de Mezcal. Cuando servímos las croquetas empezó a comer, si moría de hambre y de sed.

Lo dejamos comiendo y nos fuimos a dormir. A los 20 minutos empezó a rascar la puerta. Además de comida y techo quería entrar a la casa. Alán le dijo que se callara desde la ventana y así fue.

A las cuatro de la mañana me despertó un aullido, luego siguió otro y luego otro, parecía que lo estaban matando. Mi primer pensamiento y además maternal fue, le cayerón mal las croquetas. Alán volvió a la ventana para callarlo. Al final bajó para sacarlo, tal vez el perro se sentía ajeno a este lugar. Yo aunque quería sacarlo también no me atreví a bajar para después no sentir culpa. Me quede viendo desde la ventana.

El perro traía pila como para correr un maratón, le movía la cola a Alán con entusiasmo de que lo llevara a pasear. Alán le pidio que se fuera, lo acompañó umos diez metros y cuando dejó de seguirlo se regresó a dormir.
A las ocho de la mañana me volví a despertar, el perro estaba rascando la puerta principal dos pisos abajo. Ahi lo empezé a llamar el Stalker. Me volví a dormir. Cuando despertamos mñas tarde el perro se había ido. Desde ahi desapareció, preguntamos a los vecinos si lo han visto y nada.

Ahora todos dicen que era el espíritu del Mezcal que nos vino a dar un último adios  pero mi perro que sabía lo miedosa que soy jamás me haría una cosa asi. Poseer a un perro y venirnos a robar el sueño. Pero si ya voy a pensar en esas cosas de ultratumba prefiero creer que el Mezcal que era un santo, un Elvis de los canes, se encontró por ahi perdido al Stalker y le aconsejó que si moría de hambre nos viniera a buscar porque seguro lo íbamos a ayudar. Como sea a mi me dan muchas ganas de llorar.

                                                                                                                                        Mezcal y yo en Oaxaca, 2009
  
                                                                                                               

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