lunes, 11 de octubre de 2010

Vive latino I

Lo mejor de viajar y conocer más allá de tu rancho es que vas teniendo más parámetros para medirle, en todos los ámbitos: gente, política, educación, hasta el clima pues. Aunque me pasé casi treinta horas en avión-avión-carro-avión-carro para llegar a Quito al final valió toda la pena. 

Venía de grabar el deslave en Tlalhuitoltepec en Oaxaca cuando supe que iba a Ecuador por un "golpe de estado". Ni pude pasar a mi casa a cambiarme, así que cuando llegué en la madrugada a Houston para tomar el vuelo de conexión a Bogota mi look era de short negro sintético, tenis llenos de lodo,  calcetas blancas más bien cafés ya y playerita de ¡viva Pancho Villa! Me hubiera gustado pasar por una mexican curious pero más bien era una migrante apenas documentada.

Cuando subi al avión llevaba dos maletas pesadísimas, le pedi al aeromozo gringo que me ayudara a meterlas al compartimento y me dijo  que no podía hacerlo, que si yo no la podía subir sola es que la mochila no debía ir en el avión y está bien que los gringos sean muy cuadraditos con sus procedimientos pero ese, ese "gato volador" era un huevón más bien y al final fue un colombiano el que me ayudó ¡vivan los latinos!

Luego la aeromoza de Continental me hizo jeta cuando le pedi agua antes que despegara el avión, al bajar,  el de migración me regañó por ver mi celular mientras me entrevistaba. Sólo el policía de aduana me sonrío y me pidió que dijera mi nombre completo. Al final dijo -ah sólo quería escuchar como lo pronunciabas jaja- joder, si eso me pasa por querer ser mexican curious. Lo que no sabia el cop es que como acá no hay gente negra para mi también fue un show escucharlo hiphopear.

Despúes horas tortuosas porque tengo el mal de no poder dormir en los aviones.

Ya en la mañana todo fue mejor. Al salir del aeropuerto en Bogota vi una neblina lidísima. El señor del diablito que llevaba mi pila de maletas no dejaba de enlistarme todo lo que le gustaba de México, -señorita hace poco vino Vicente Fernández y me saqué una foto con él,  los narcocorridos, uy como los escuchamos acá, también a Verónica Castro le decimos Llorónica Castro porque cómo sufre en sus novelas y por supuesto vemos el chavo del ocho-. Nunca borraremos esa referencia de las mentes sudamericanas.

Corte a Ya iba con el productor local de Bogota a Pasto, cuando siento que el avioncito de Avianca empieza a descender en medio de las montañas. Un lugar de película con casitas en las puntas de los cerros y con un aeropuerto chiquitito en una meseta, así, en medio de la cordillera.

Todo el camino de Pasto a Iquiales, que hace frontera con Ecuador, me fui hablando de lo bonito que era el lugar y preguntaba si había algún spa por ahí porque un día quería ir a turistear. El productor iba clavadisimo hablando con otra periodista sobre su nostalgia, porque eso era, hacia Pablo Escobar. Yo seguía buscando el spa porque ese lugar era paradisiaco, ajá, para la guerrilla porque estaba en medio de Nariño y a mi nadie me decía que atrás de los arbolitos era tierra de las FARC.

Seguro pensaron que como venía de uno de los países más peligrosos del mundo, Colombia se me hacía un parque de diversiones. Al menos no faltó tema de conversación en el coche;  en un mundo poquito, sólo un poquito más retorcido podríamos haber intercambiado narcoestampitas para nuestros álbumes.

Así, hablando de cabezas cortadas, variedades de chile, el chavo del ocho otra vez y de cómo Shakira pasó de castaña a guera, llegué a Ecuador. Échenle otras 4 horas de viaje en troca, siempre con mis benditas maletas de equipo. Esto será importante más adelante, al cruzar la frontera nadie me pidió mis papeles, pasá asi nomas cumpliendo la tradición mexicana por excelencia, era una in-do-cu-men-ta-da, pero en tierra amiga pues.

Llegué a cenar y si, fuera de la tierra del limón, el ceviche lo preparan con algo más rico.

sha continuará

viernes, 1 de octubre de 2010

Hagan de cuenta




Las últimas semanas de trabajo resumidas en 30 segundos. Bueno ni para tanto, ya quisiéra, pero de que han sido días intensos lo han sido.