martes, 28 de septiembre de 2010

Nada que celebrar

La arribista, la pretenciosa, la siútica pues, llegó a Washington y de todo se quejaba. Todo muy limpio, todo muy bonito, todo perfectito, hasta los homeless se veían felices, seguro mínimo usaban crack y ni sabian que existía la mona.
Lo mas dificil era esperar a que se pusiera el verde para poder cruzar la calle caminando, como acá somos unos changos y allá si respetan los reglamentos pues me daba poquita envidia.
Parada frente a la casa blanca dije arrogante –¡ay que Chiquita! Pensé que era más grande, ¡ay! lo que hace la postproduccion de las pelis gringas, cualquier narco tiene una más grande-. Háganme el futo pavor, qué clase de orgullo es ése. Les digo que sentía envidia mal y torcida.
Lo peor es que me tocó pasar allá las fechas en las que México celebraba el bicentenario. Era una tragedia en una ciudad en la que no había la gran comunidad mexicana y si había  estaba bien escondida. Llamé a varios restaurantes de comida mexicana para ver si en alguno había algo especial, nada.
Terminé en un restaurante de comida disque oaxaqueña y que además era atendida por un poblano que me miró con resentimiento desde el instante en que supo que era chilanga. El pozole no sabia a pozole, las tortillas eran de un polímero chicloso y la transmisión de la celebración era malísima. Cada tanto me repetía mentalmente, ni  te malviajes, ya lo dijo Luis Estrada y otros miles, de todos modos no hay nada que celebrar . Al final ví el grito por internet en el cuarto del hotel.
Ahora que voy camino a el pueblito en el que se derrumbo un cerro pienso en esa envidia corrosiva que sentia mientras caminaba por DC. No es que allá no pasen cosas feas, sólo que no pasan por las razones que pasan acá.
Todavía no sé con certeza porque aún no hay mucha información pero seguro es la misma historia de siempre, una serie de eventos deliberados: gente que pone sus casas en pleno cerro, autoridades que no les ofrecen alternativa de vivienda y que ya que los ven ahí no son para sacarlos del peligro.
Y ahora si ahí van todos, digo vamos.  El mero presidente, el gobernador, el presidente municipal, los soldados, proteccion civil y anexos. Me encantaría saber cuál va a ser el costo de la operación y a cuántas casas humildes pero limpias como dice mi mamá, equivaldrá el despliegue de recursos que se va a hacer en esa pequeña comunidad.
Hasta miedo me da ver.

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