domingo, 26 de septiembre de 2010

Aquí nos tocó morir

Me imagino una edición especial de la señora Pacheco en un recorrido por los estados del norte del país. Con la misma dinámica de mostrar oficios, tradiciones y costumbres que reflejen el espíritu de la comunidad ¡que miedo! Nada más entre Chihuahua y Tamaulipas produciría unas 10 temporadas listas para enviarse a cualquier circuito de cine de culto.

Si estuvieramos en un mundo ideal -al menos para los periodistas- en donde la gente se dejara entrevistar, fotografiar y grabar sin restricciones circularían en los medios de comunicación imágenes y testimonios aún más inverosímiles y crueles de los que ya venimos viendo y escuchando.

El mes pasado estaba en Cancún parada ante la fachada del  antro, ahora si que de "malísima muerte" en el que varias personas fallecieron después de que "presuntos" miembros del crimen organizado lanzaran bombas molotov al interior. El lugar estaba en una calle más gris que pobre en un barrio del Cancún feo e incómodo.

Un policía municipal cumplía sus tediosas horas de trabajo resgurdando el lugar. Una señora levantaba incómoda las cintas amarillas que cercaban el lugar y entorpecían sus maniobras con la carreola en la que llevaba a su bebé. Pinches escenas del crimen, ya no lo dejan a uno caminar a gusto por las calles.

Un vecino de por ahí se atrevió a dar entrevista y dijo bien quitado de la pena -ah pus es que de seguro los del bar no pagaron la cuota-.

Horas más tarde vi las fotos que habian tomado los peritos (seguro los sicarios las usan de postales para sus familias). Es la clase de cosas que uno se arrepiente de ver. Me dió tristeza, coraje, estrés y náusea, quería irme de ahí en ese instante.

La mañana siguiente me levanté muy temprano, como a las seis de la mañana para ver el amanecer. Estaba en el balcón de mi hotel cinco estrellas, creo que en el gran turismo ya ni se usan las estrellas, La brisa era perfecta, escuchaba las olas, y quería quedarme ahi para siempre.

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